Monteferro, el “Faro de los muertos”


Hace 95 años se aprobaba la construcción del monumento a la marina mercante en la cima de Monteferro. La magna obra, diseñada por Manuel Gómez Román, tiene como objetivo homenajear a los marineros que hallaron la muerte en el mar.

El 24 de febrero de 1924 “La Gaceta” publicaba el Real Decreto que autorizaba la erección del monumento a la marina mercante en Monteferro, en el margen sur de la ría de Vigo. La historia había comenzado tiempo antes, en 1919. Terminada la Primera Guerra Mundial Arthur Nightingale, a la sazón cónsul de Gran Bretaña en Vigo, tuvo la idea de rendir tributo a los marinos españoles muertos durante la conflagración mediante la ejecución de un espacio conmemorativo. El lugar elegido fueron las islas Cíes.

Tal sugerencia fue recogida por las fuerzas vivas de la ciudad, constituyéndose una Comisión y un Comité Ejecutivo encargados de promocionar la iniciativa y recaudar el dinero necesario para llevarla adelante. A la cabeza de los trabajos se situó Tomás Mirambell, acompañado de otros importantes miembros de la burguesía local como Guillermo de Oya, Estanislao Durán o José de la Gándara Sestelo. La suscripción popular alcanzó la suma de 201.216 pesetas.

Pronto hubo de abandonarse la idea de erguir la escultura en las Cíes, debido a las complicaciones técnicas que suponía. En su lugar se optó por ubicarlo en la península de Monteferro, en el vecino concello de Nigrán. La localización no fue lo único que varió, ya que durante el proceso también lo hizo la idea en sí misma. Los Ministerios de Marina de Italia, Gran Bretaña, Estados Unidos, Brasil y Francia habían contribuido de forma decisiva en la colecta, por lo que se decidió dedicar la obra a los marineros de todas las nacionalidades, y no sólo a los españoles.

El 28 de julio de 1924 se procedía a la colocación de la primera piedra del monumento, con la asistencia de Miguel Primo de Rivera, presidente del Directorio Militar, acompañado de varios generales y del obispo de Tui. Como consigna Gerardo González Martín en su artículo “Retazos de la vida consular en Vigo”, aproximadamente un millar de personas se congregaron para presenciar este acto.

El diseño del monumento recayó sobre el respetado arquitecto vigués Manuel Gómez Román, quien proyectó un volumen severo, de 25 metros de altura y ejecutado con 7.000 toneladas de piedra. La escultura de la Virgen del Carmen, advocación religiosa del espacio, es obra del escultor malagueño Enrique Marín. Curiosamente Marín y Gómez Román habían colaborado ya en la sede del Banco de Vigo, donde el primero se encargó de las tallas que adornan fachada y cornisa.

Ramón Fernández Mato, primer director de El Pueblo Gallego en los años veinte, calificó el monumento como Faro de los muertos. Así, escribía que “un promontorio gallego brinda al mundo un monumento al que puede amarrarse la errante y dispersa grandeza de los dramas que vienen sucediéndose desde que un tronco excavado sostuvo a un hombre sobre el agua”. No en vano la obra se yergue, solitaria, como un faro abandonado que no arroja luz alguna.