En el mes de agosto bandas de música y charangas toman las calles y plazas de Galicia. Hacemos un repaso a los orígenes de varias de las formaciones más antiguas de la ciudad de Vigo, alguna de las cuales sigue afinada hoy en día.
Coinciden los estudiosos en lo complicado que supone investigar la evolución de la música popular, especialmente si tratamos de remontarnos más allá del siglo XIX. No pensamos sólo en conocer qué se tocaba, sino también el cómo, el dónde, y especialmente el quién. Y sucede una vez más que Vigo, la ciudad sin historia, nos sorprende con lo detallado de su relato.
Así Amador Montenegro recoge la que podría ser la primera mención a un intento de institucionalización musical: el 1 de abril de 1845 el alcalde Manuel Coto Montes aprobaba el reglamento de la Sociedad Filarmónica de Vigo. En aquel documento suscribían personalidades de la época como José Rodríguez -Barón de Casa Goda-, José Donesteve, Agustín Curbera, Nicolás Taboada y otros. El experimento, por otra parte, no parece que tuviera gran continuidad temporal. Los gastos de manutención y gira de una banda o de una orquesta suponían una grave carga para los consistorios decimonónicos, cronificados en el déficit, por lo que la creación y desaparición de agrupaciones municipales se sucede en toda Galicia a lo largo de estos años.
De este modo y hasta finales de la centuria el espacio musical lo dominan formaciones pequeñas, lideradas por músicos de renombre, que coexistieron, desaparecieron y se reorganizaron a lo largo de los años. Destacan en Vigo las dirigidas por el Sr. Montenegro, el Sr. Castro, Enrique Paz o Eugenio Pereira, cuyo grupo es contratado por el ayuntamiento para amenizar los paseos públicos en el verano de 1877. De gran interés es la experiencia de la Sociedad de Conciertos. Creada bajo la dirección y auspicio del célebre violinista Andrés Gaos Berea en la primavera de 1891, contaba con 40 músicos, con un amplio repertorio de obras de cámara y conciertos para solista u orquesta. Su estreno, llevado a cabo el 5 de abril de aquel año, no tuvo excesivo éxito. Pocos meses después Andrés Gaos se marchaba a París para comenzar una gira, tras lo cual la orquesta se disuelve.
Poco a poco surgen agrupaciones de mayor relevancia, sujetas a instituciones capaces de sostener su acción en el tiempo. En 1863 tenemos constancia de la presencia de la Banda del Hospicio –vinculada a la Casa de Caridad- en las fiestas que aquel año se celebraron con motivo de la inauguración de las obras del ferrocarril. Fue una de las favoritas de la sociedad viguesa de su tiempo, siendo muy contratada tanto en eventos públicos como privados. La banda vive su etapa de esplendor bajo la dirección del ourensano Timoteo López Cartavio, entre 1880 y 1881, si bien tras la marcha de éste decae rápidamente hasta su desaparición en 1883.
La banda municipal
Cuenta Asterio Leiva que el 5 de abril de 1883 se reúnen en el consistorio, bajo la presidencia del alcalde Jacobo Domínguez Iglesias, un grupo de músicos que suponen el germen de la Banda Municipal de Vigo. Así el regidor aseguraba que habiendo desaparecido la Banda del Hospicio “quedaba huérfana la población de uno de los elementos más importantes”. Acogida la idea con entusiasmo, se nombra como primer director a Enrique Paz Sampayo. La banda vivirá etapas buenas y malas en su historia. A partir de 1888 y bajo la dirección de Marcial Rodríguez, queda apenas relegada a los conciertos que ofrece en la Alameda. Mientras tanto el Orfeón La Oliva –dirigido por el propio Marcial Rodríguez- alcanza importantes triunfos en unos años de gran efervescencia cultural en Vigo.
Tras esta crisis la banda se renueva con la contratación de un nuevo director, Juan Serrano Marqués, que permanece cinco años en el cargo. Finalmente en 1897 se nombra como director a Juan Colás. Es un periodo de gran trascendencia para la banda que amplía su oferta, tocando en los domingos del verano en la Alameda y el resto del año en Príncipe y la Plaza de la Constitución. El entusiasmo del público es notorio. Así el 5 de enero de 1898 el consistorio aprueba un nuevo reglamento para la formación, que es definitivamente colocada bajo el patrocinio del Ayuntamiento. Habían sido necesarias más de cinco décadas, pero Vigo tenía su Banda Municipal.