La Fuente Mágica de Vigo que acabó en el chatarrero


La noche del tres de agosto de 1967 miles de vigueses se reunían en la Plaza de España para la inauguración de la fuente luminosa donada por el productor de cine Cesáreo González, fundador de Suevia Films, que recibió un gran homenaje.

Muchos recuerdan con nostalgia la maravillosa fuente luminosa que presidió la Plaza de España de Vigo hasta el año 1990. Cesáreo González Rodríguez (“fiel pregonero de las virtudes de su pueblo”, según la placa que descubría el Alcalde Rafael Portanet aquella noche) es un empresario vigués nacido en 1903. Retornado de su emigración en Cuba y México se dedicará a diversos negocios, destacando especialmente en el cinematográfico a través de la marca Suevia Films, que crea a primeros de los cuarenta y bajo la que producirá películas como Botón de Ancla (1947) o La Faraona (1955) que le llevan al reconocimiento internacional.

En marzo de 1966 la corporación municipal había aprobado la instalación de la pieza en la Plaza de España, lo que conllevaba que la estatua del escultor Julio González Pola que previamente ocupaba el lugar fuera trasladada a la Plaza de Zamora, pasando ésta a llamarse Plaza de la Independencia. Todo un baile para colocar en el mejor lugar posible una obra de Carles Buïgas i Sans, arquitecto e ingeniero barcelonés especializado en luminotecnia cuya obra más conocida es la Fuente Mágica de Montjuïc, en Barcelona. La encargada por Cesáreo González disponía de luces de siete colores, durando el ciclo total de combinaciones catorce minutos.

Fallecido en 1968, la inauguración de esta fuente resulta a la postre una suerte de último abrazo entre ciudad y ciudadano. El alcalde se deshacía en elogios hacia el productor y alababa su acendrado viguismo y aprecio por los convecinos en el largo discurso que pronunciaba ante los asistentes, al pie de la propia fuente. El productor, aquejado de una dolencia de garganta se limitó a dar las gracias y dar un viva a Vigo, con lo que cosechó un sonoro aplauso.

Desde su retirada a primeros de los noventa para la construcción del túnel de Plaza de España y su posterior sustitución por la escultura de los caballos, obra de Oliveira, mucho se ha especulado acerca del destino de la fuente luminosa. Los vigueses por su parte han demandado con insistencia su colocación en otros lugares. Lo cierto es que en su retirada se rompe el vaso de hormigón, conservándose únicamente los planos del mismo y el mecanismo de juegos de agua y luz, que parece fue vendido para chatarra con el paso del tiempo. Un ejemplo más de la degradación, descontextualización y desaparición progresiva de muchos elementos urbanos de la ciudad.