“La loza de Pontesa suena a porcelana”


En 1961 se inauguraba, con la presencia de Francisco Franco y destacados personajes de la vida política y económica, la fábrica de loza Alfares de Pontesampaio, perteneciente al Grupo de Empresas Álvarez y una de las más avanzadas de España.

El jueves 14 de septiembre de 1961 resultó una larga jornada para el Jefe del Estado, que tras desembarcar en A Laxe procedía a inaugurar la Estación Marítima y el Monumento a los Caídos en el Castro, para visitar más tarde la fábrica de Citroën-Hispania en la Zona Franca de Vigo. Más allá del mediodía Franco llegaba a las instalaciones de Pontesampaio, donde ese mismo año Moisés Álvarez O’Farril había puesto en funcionamiento una industria, conocida como Pontesa, destinada a la fabricación de loza.

Supuso un día memorable en el que además del Jefe del Estado estaban presentes varios ministros y autoridades: el alcalde de Pontevedra Filgueira Valverde, el Cardenal y Arzobispo de Santiago Quiroga Palacios, Pedro Barrié de la Maza o Sánchez Cantón, los trabajadores y una gran multitud de vecinos y curiosos, según cuenta el amplio reportaje de la Hoja de los Lunes. Acompañado en todo momento de Moisés Álvarez y sus hijos Franco presenció la ceremonia de bendición de la factoría para inmediatamente recorrer las naves de la misma, atendiendo a las explicaciones que sobre el proceso de fabricación le eran ofrecidas, y que “fue recogiendo con viva atención”. El industrial le obsequiará con una bandeja “artísticamente decorada con diversos motivos gallegos” antes de que Franco vuelva a Vigo para inaugurar en las Cíes el monolito en su ofrenda, derribado en el año 2008. Tras ello, y antes de sentarse a la mesa con sus seiscientos empleados, Moisés Álvarez O’Farril pronuncia un sentido discurso en el que hace varias referencias a las dificultades que había tenido que superar y a las que tendrían que enfrentar sus hijos. No se equivocaba.

La nave de Alfares de Pontesampaio está ubicada junto a la desembocadura del río Verdugo y tiene una superficie de trece mil metros cuadrados que albergaban una de las más modernas industrias del país en la época. Dedicada a producir loza fina y ordinaria, azulejos y material sanitario, la sociedad exportaba parte de su producción a países de Europa y América del Sur, destacando el hecho de que competían e incluso superaban en calidad la producción de otros países punteros como Gran Bretaña, una afirmación que se fundamenta en que la loza de Álvarez “es más blanca, más compacta y suena a porcelana”.

El largo ocaso

Los orígenes del Grupo de Empresas Álvarez se remontan a Manuel Álvarez, ourensano emigrado en Cuba que en 1927 crea en Vigo la empresa “Manuel Álvarez e hijos”, dedicada al comercio de porcelana, loza y cristal, aunque pronto asume la producción del material, con un rápido crecimiento: en 1931 la sociedad ya tiene una fábrica en la calle Ecuador y tres tiendas en la ciudad olívica. A la muerte del fundador en 1938 sus hijos continuarán con el negocio familiar, siendo especialmente relevante la figura de Moisés Álvarez que lleva al grupo a sus momentos de mayor expansión, con más de cinco mil empleados, cinco plantas industriales y decenas de sucursales de venta por toda la geografía nacional.

En los setenta la compañía comienza a pasar malos momentos, agravados por la muerte de Moisés Álvarez en 1975. Poco después la empresa es intervenida por el INI, que se hace cargo de ella hasta 1991, mientras poco a poco el Grupo de Empresas Álvarez va teniendo más problemas para su supervivencia, pasando por reducciones de personal, suspensiones de pagos o cambios en la gestión. A pesar del cierre definitivo de la compañía en 2001 resta todavía resolver el proceso judicial en torno a las irregularidades en la liquidación de la sociedad.