El popular juego de apuestas habría sido creado a principios de 1946 para ayudar a sufragar las obras del Hogar y Clínica San Rafael, situado en Coia y destinado a la atención infantil, una vocación de beneficencia que mantuvo posteriormente.
El 22 de septiembre de 1946 echaba a andar La Quiniela, el juego de apuestas por excelencia del fútbol español. En aquella primera jornada no llegaron a jugarse cuarenta mil boletos, de los que sólo sesenta y dos resultaron premiados. El sistema, muy complejo, requería acertar el resultado de los siete partidos que entraban en disputa, o en su defecto el ganador o empate, asignándose los premios mediante un sistema de puntos. En los cuarenta eran muy comunes en España las apuestas informales en torno a los resultados futbolísticos, un deporte cuya popularidad crecía constantemente, por ello no es de extrañar que un año antes del nacimiento de la actual Quiniela una peña de amigos inventara en Vigo un pequeño sistema para ayudar a la construcción del Hogar de San Rafael.
La historia comienza con la fundación que los hermanos de San Juan de Dios realizan en unos terrenos en Coia, donde desean edificar un hogar y hospital para niños cuya construcción arranca en 1935 bajo la batuta del distinguido arquitecto vigués Antonio Cominges Tapias, autor de emblemáticas obras de nuestra ciudad como la iglesia de la Soledad o la actual sede de la Fundación Celta de Vigo en Plaza de España. El magno edificio proyectado por Cominges provoca la dilación de las obras, siendo inaugurado y bendecido el 29 de agosto de 1943, aún incompleto y varios meses después del ingreso del primer paciente en las instalaciones hospitalarias.
Para solventar el problema de la conclusión del hospital, y según cuenta Amador Montenegro López en su libro “Historia íntima de Vigo”, una peña de amigos propone a los hermanos la organización de un juego de apuestas que dio comienzo en enero de 1946, coincidiendo con el inicio de la segunda vuelta en la temporada futbolística. El propio director del centro, Miguel Ángel Martínez Fariña, oriundo de Ourense, impulsó la puesta en marcha del sistema, que implicaba el reparto y recogida de los boletos y material por los bares de la ciudad y que se basaba, al igual que la futura Quiniela, en un difícil sistema de puntos, siendo necesarios al menos 130 para tener derecho a premio.
Aquella primera y única experiencia, que nunca contó con la aprobación explícita del Ayuntamiento o del Gobierno Civil, tuvo cierto éxito, hablándose de ella en medios de comunicación dentro y fuera de Vigo, y extendiéndose la práctica fuera de la ciudad. Esto proporcionó sin duda beneficios al Hogar de San Rafael, que percibía un 45% de los ingresos de cada boleto vendido, curiosamente el mismo porcentaje que poco después La Quiniela destinaría a beneficencia. Tal éxito sería el principio de su fin, pues siguiendo a Montenegro la administración se apodera del juego de los hermanos de San Juan de Dios, implantándolo a nivel nacional y con incumplidas promesas de mantener la aportación benéfica a la construcción del hogar, que sería terminado finalmente en 1947.