Tras un fracasado primer intento, en 1926 llegaba a buen puerto la iniciativa del insigne vigués Gerardo Campos para fundar el Club Náutico, cuya primera sede social fue un velero anclado en la Ría.
Consideraba el periodista ribeirense Manuel Lustres Rivas que Vigo era un pueblo divorciado del mar, una urbe que vivía de espaldas a su principal recurso a pesar de que “más allá de Redondela, hacia el interior se cree, unánimemente, que Vigo es un pueblo de marineros.” El escritor galleguista, represaliado al comienzo de la Guerra Civil, hacía estas reflexiones en el libro “Vigo en 1927” donde en un breve texto glosa la historia del Real Club Náutico de Vigo.
La semilla se plantaba en 1925, cuando Gerardo Campos Ramos recibe la presidencia de la sección Club Náutico dentro de la Asociación Popular, institución impulsada por el alcalde Gregorio Espino y encargada de la organización de festejos. Formada por ilustres ciudadanos aficionados y vinculados a la vida náutica como Humberto Álvarez, Carlos Bárcena de Andrés, Camilo Molíns, Tomás Calvar o Manuel Borrajo, el primer objetivo de la agrupación es crear un núcleo social bastante en calidad y cantidad para mantener el Club. La primera junta directiva para los años 1926 y 1927 estaba presidida por Estanislao Durán. Entre los proyectos que manejaba la sociedad se encuentra la organización de una semana de regatas a vela o de una gran competición de lanchas motoras, que se convertiría en un escaparate más para la industria naval viguesa.
La sede social elegida será un pailebote, embarcación similar a una goleta, de elegantes líneas y donde el doce de septiembre de 1926 se celebraba la inauguración oficial del Club. El interior del buque hubo de ser adaptado para poder albergar una asociación de estas características: en invierno las embarcaciones y yates eran guardados en las bodegas, con diferentes pañoles para el almacenamiento de velámenes, embarcaciones de remos o la lancha automóvil del Club. Contramaestre y marinería del velero, conocido como Klosofic y fondeado frente al muelle de viajeros, tenían también sus camarotes en el mismo, completando el suntuoso conjunto el bar-restaurante, el tocador de señoras o la biblioteca, ubicada en la popa del barco. En la cubierta, por su parte, se organizaban fiestas y eventos, bajo la protección de una toldilla.
La visita del rey Alfonso XIII en septiembre de 1927 supone un acontecimiento de gran relevancia para un Club que apenas contaba un año de vida. El monarca es recibido a su llegada a la ciudad en el embarcadero del Club, un concurrido lugar de recreo donde se celebraban conciertos y bailes, siendo Gerardo Campos el encargado de cumplimentar al rey en nombre de los socios, y pidiendo a Alfonso XIII que aceptase la presidencia honoraria del Club. Recién llegado a Madrid, Su Majestad comunicaba a través del Duque de Miranda la aceptación de este honor, pasando a denominarse la agrupación Real Club Náutico de Vigo.