Una catedral de hormigón


La panificadora, ejemplo de los comienzos de la edificación en hormigón en nuestra ciudad, aguarda una decisión sobre su futuro tras haberse convertido en imagen del progreso y del abandono industrial de Vigo.

La panificadora es un edificio destacado en la historia de la arquitectura viguesa especialmente por su originalidad, único en su época a escala nacional. Siguiendo al historiador Francisco Pérez Fernández en su libro Arquitectura industrial en Vigo (1898-1939), el diseño tiene su raíz inspiradora en la ingeniería norteamericana desarrollada desde mediados del siglo XIX, exportada a Europa y principalmente a Alemania a través del Movimiento Moderno de arquitectos como Le Corbusier o Gropius. Precisamente alemanes son los ingenieros, Otto Werner, Jorge Buchl y Carlos Kohl que junto con el arquitecto vigués Manuel Gómez Román se encargan del diseño de la industria.

La iniciativa partía del empresario Antonio Valcarce García, quien en 1917 promueve la creación de la Compañía Viguesa de Panificación, que se constituye en 1920, encargando tres años más tarde a Gómez Román la realización de una fábrica para la sociedad en la zona conocida como “Campo de redes” entre las calles Santiago, Cachamuíña y Falperra. Tanto Valcarce como su cuñado y socio Ángel Reboreda habían viajado por el extranjero visitando varias instalaciones de aquel tipo. Su propósito era introducir en el mercado un pan barato y de buena calidad que les permitiera competir con la producción tradicional.

«primera y única en España»

En noviembre de 1924 se inauguraba la industria, de cuyas obras se había encargado el contratista Eugenio Alonso, y manifestando la prensa que la fábrica era la “primera y única en España de producción automática”. Unos días antes había desembarcado en Vigo Fernando Blockinger, procedente también de Alemania, para dirigir una planta que contaba con molinos, hornos para la elaboración de pan y silos para el grano. El inmueble sufre diversas ampliaciones a lo largo del tiempo, como la construcción de los cuatro primeros silos entre 1929 y 1932, la continuación con seis silos más, que alcanzan una altura de 24 metros, y por último, entre 1959 y 1962, la edificación de la calle Falperra donde se ubicaron diversos comercios.

La compañía contaba con su propio parque móvil para efectuar el reparto de pan en toda la provincia, fábrica de harinas, talleres, gasolinera, depósito de agua o central eléctrica, llegando a alcanzar una producción diaria de cuarenta toneladas de pan. En los años sesenta la sociedad ya no se encuentra en sus mejores momentos, mientras que la muerte de su fundador en 1978 provoca la progresiva quiebra y suspensión de pagos en 1981, cesando en la producción la planta de la Falperra.

Con sus casi 9.500 metros cuadrados de superficie y dominada por la silueta de los diez silos, coronados por la característica habitación de control, la fábrica da una imagen de los inicios del hormigón como material de construcción en la ciudad olívica, todo un símbolo del rápido desarrollo de aquel Vigo metropolitano. Desde el cierre el espacio ha sobrevivido al paso del tiempo, vandalismo e incendios, barajándose todo tipo de opciones de recuperación.