El 20 de febrero de 1909 el proyectista afincado en Vigo Jenaro de la Fuente Domínguez firmaba uno de sus mayores proyectos, la reforma del Pazo de Lourizán, propiedad del insigne político gallego Eugenio Montero Ríos y escenario de importantes acontecimientos de la historia de España.
Los primeros años del siglo XX resultan especialmente fecundos para el maestro de obras vallisoletano Jenaro de la Fuente Domínguez. Así en 1908 diseña las casas para Álvaro López Mora, en la calle Colón, mientras que al año siguiente realiza el proyecto del edificio Bonín, situado entre las calles Areal y Oporto, encargo del indiano Manuel Rodríguez. En 1911 con el edificio Pardo Labarta, ubicado en Porta do Sol, Jenaro de la Fuente alcanzaba una de las cotas más altas de su arte, como resaltan Arturo Conde y Gabriel Santos.
Es en este momento cuando Jenaro de la Fuente recibe el que probablemente es el encargo más singular de su carrera: reformar la residencia que el abogado y político Eugenio Montero Ríos posee en la parroquia pontevedresa de Lourizán. La finca, antiguamente conocida como Granxa da Serra, había sufrido varios cambios desde su adquisición por Montero Ríos en 1879. En sus estancias se negociaron las condiciones de la rendición española en la guerra hispano-estadounidense, ratificadas en el Tratado de París de 1898 y por el que España perdía Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam. No en vano Eugenio Montero Ríos había ocupado cargos como los de Ministro de Fomento, Ministro de Gracia y Justicia, Presidente del Tribunal Supremo e incluso Presidente del Consejo de Ministros, este último en el año 1905.
El reto de Jenaro de la Fuente consistía en integrar y armonizar elementos de diversas etapas constructivas creando una unidad, bastando un paseo por los alrededores del pazo para constatar que consiguió su objetivo. El plano de fachada del proyecto, fechado 20 de febrero de 1909, nos muestra un inmueble ecléctico con influencias del modernismo, del clasicismo y de la arquitectura francesa del Segundo Imperio; simétrico, con clara tendencia horizontal y gran monumentalidad. Quizá el más impresionante pazo gallego, como afirma el investigador Jaime Garrido Rodríguez. Las obras comenzaron en septiembre de 1909, con un presupuesto de veinte mil duros. El pazo consiste en un cuerpo central con forma de U con tres torres cubiertas con mansardas, ante el cual se sitúa una gran escalera imperial de dos brazos que lleva hasta la entrada principal. Desde este punto se abren dos alas laterales, ligeras galerías de piedra y vidrio que envuelven los paños del antiguo pazo como si de un vestido se tratase. En el aspecto decorativo, por su parte, destaca la fusión de elementos neoclásicos y modernistas.