La Fuente Mágica de Vigo que acabó en el chatarrero


La noche del tres de agosto de 1967 miles de vigueses se reunían en la Plaza de España para la inauguración de la fuente luminosa donada por el productor de cine Cesáreo González, fundador de Suevia Films, que recibió un gran homenaje.

Muchos recuerdan con nostalgia la maravillosa fuente luminosa que presidió la Plaza de España de Vigo hasta el año 1990. Cesáreo González Rodríguez (“fiel pregonero de las virtudes de su pueblo”, según la placa que descubría el Alcalde Rafael Portanet aquella noche) es un empresario vigués nacido en 1903. Retornado de su emigración en Cuba y México se dedicará a diversos negocios, destacando especialmente en el cinematográfico a través de la marca Suevia Films, que crea a primeros de los cuarenta y bajo la que producirá películas como Botón de Ancla (1947) o La Faraona (1955) que le llevan al reconocimiento internacional.

En marzo de 1966 la corporación municipal había aprobado la instalación de la pieza en la Plaza de España, lo que conllevaba que la estatua del escultor Julio González Pola que previamente ocupaba el lugar fuera trasladada a la Plaza de Zamora, pasando ésta a llamarse Plaza de la Independencia. Todo un baile para colocar en el mejor lugar posible una obra de Carles Buïgas i Sans, arquitecto e ingeniero barcelonés especializado en luminotecnia cuya obra más conocida es la Fuente Mágica de Montjuïc, en Barcelona. La encargada por Cesáreo González disponía de luces de siete colores, durando el ciclo total de combinaciones catorce minutos.

Fallecido en 1968, la inauguración de esta fuente resulta a la postre una suerte de último abrazo entre ciudad y ciudadano. El alcalde se deshacía en elogios hacia el productor y alababa su acendrado viguismo y aprecio por los convecinos en el largo discurso que pronunciaba ante los asistentes, al pie de la propia fuente. El productor, aquejado de una dolencia de garganta se limitó a dar las gracias y dar un viva a Vigo, con lo que cosechó un sonoro aplauso.

Desde su retirada a primeros de los noventa para la construcción del túnel de Plaza de España y su posterior sustitución por la escultura de los caballos, obra de Oliveira, mucho se ha especulado acerca del destino de la fuente luminosa. Los vigueses por su parte han demandado con insistencia su colocación en otros lugares. Lo cierto es que en su retirada se rompe el vaso de hormigón, conservándose únicamente los planos del mismo y el mecanismo de juegos de agua y luz, que parece fue vendido para chatarra con el paso del tiempo. Un ejemplo más de la degradación, descontextualización y desaparición progresiva de muchos elementos urbanos de la ciudad.

El Círculo Mercantil e Industrial de Vigo, a la altura de la realeza


La inauguración de la nueva sede social del Círculo Mercantil e Industrial de Vigo, el 28 de septiembre de 1927, se convirtió en un acontecimiento de gran relevancia no sólo para la propia entidad, sino para toda la urbe. El motivo fue la presencia de sus majestades Alfonso XIII y Victoria Eugenia en el solemne acto. Los reyes llegaban a la ciudad a bordo del acorazado Jaime I, escoltado por varios buques de guerra y por más de doscientos cincuenta barcos de pesca y recreo que los habían acompañado desde las islas Cíes. Desembarcan en la marquesina del Club Náutico entre los vítores de la multitud que se había congregado para el recibimiento. Hacía veintitrés años que Alfonso XIII no visitaba la ciudad.

La nueva sede de la sociedad, ubicada en el número 44 de la calle Príncipe, esquina con Velázquez Moreno, había sido proyectada con esmero por el arquitecto vigués Manuel Gómez Román, autor de algunos de los inmuebles más importantes de la ciudad, como el edificio Mülder o el Banco Pastor. Diseñado en un estilo ecléctico de composición clasicista, el edificio se distribuye en tres plantas y bajocubierta, alcanzando dieciocho metros de altura. La extrema sobriedad decorativa de las fachadas, donde destaca la galería que da a la calle Velázquez Moreno, se contrapone con el lujo del mobiliario y los adornos de su interior. En la planta baja se encontraban el salón de recreo, los billares y el bar, mientras que en el primer piso se sitúa el salón de fiestas, tapizado con ricas telas e iluminado con monumentales arañas de luz. La biblioteca, las aulas destinadas a las clases de contabilidad e idiomas, el archivo, las oficinas de administración o un moderno tocador para mujeres ocupaban el resto del espacio.

A las dos de la tarde de aquel 28 de septiembre llegaban sus majestades al Círculo Mercantil, procediendo al acto de inauguración que quedaría recogido para la posteridad en un pergamino de bella factura, dibujado por el artista vigués Fernando de Oliveira. Leopoldo Eijo Garay, obispo de Madrid-Alcalá, fue uno de los asistentes en la bendición de las instalaciones. Las autoridades se reunieron en un gran banquete oficial, mientras el pueblo se congregaba poco a poco en la calle Príncipe para despedir a los reyes, que a primera hora de la tarde partían con destino Baiona.

Una institución con solera

Fundado en el año 1891 como “Centro de Instrucción Mercantil”, el Círculo Mercantil e Industrial de Vigo era una de las sociedades de mayor actividad en la ciudad en aquel momento, con un papel destacado en el aspecto formativo. No en vano su biblioteca, una de las más antiguas de Vigo y compuesta por unos 30.000 volúmenes, fue donada hace dos años al Concello. En 1927 la entidad agrupaba a más de mil socios, siendo su presidente Bernardo Bernárdez Romero y figuran entre sus históricos presidentes insignes vigueses de la talla de Tomás Mirambell, Mauro Alonso Cuenca, Gaspar de Haz, Natalio Sanchón o Camilo Veiga, entre otros muchos.

Una importancia que, sin embargo, se ha visto mermada en los últimos años. En 2015 el Círculo Mercantil vendía su sede al Real Club Celta, que procede a encargar su reforma al arquitecto Alfonso Penela. Una transacción que conlleva la recuperación de uno de los más destacados edificios de la ciudad olívica.

Del manantial al grifo


Decía Nicolás Taboada Leal en su Descripción topográfico-histórica de la Ciudad de Vigo, publicada en 1840, que contaba la villa con “cuatro fuentes de bastante raudal” si bien sólo las conocidas como Neptuno y Angelote disponían de agua potable. Abastecían aquellas a los casi 6.000 habitantes que por aquel entonces tenía el lugar, quienes debían desplazarse hasta los manantiales y lavaderos a recoger agua para satisfacer sus necesidades diarias. Entre esa imagen bucólica y la actualidad se ha recorrido un largo camino, marcado por la creación de una infraestructura vital para la ciudad.

La historia del abastecimiento de aguas en Vigo está ligada a los nombres de varios ingenieros, capaces de prever y encauzar el despegue de una de las ciudades de mayor crecimiento demográfico en Europa. En el año 1900, cuando Vigo contaba ya 20.000 habitantes, el Ayuntamiento se pone manos a la obra y encarga al técnico Ramiro Pascual un proyecto global para la captación de aguas, siguiendo las propuestas del también ingeniero Fernando García Arenal, director de la Junta de Obras del Puerto de Vigo. El primer paso será la canalización de los manantiales de la parroquia de Bembrive, una obra presupuestada en un millón de pesetas, con una capacidad de cerca de 60 litros por segundo que se ponían al servicio de la población. De forma paralela, en el año 1902 se crea un Reglamento municipal que busca normalizar la gestión del preciado líquido. En la normativa se mantiene la costumbre de las aguadoras, dedicadas a vender el agua de las fuentes, un ejercicio que ocupaba a mucha gente en la localidad.

Ese mismo año de 1902 se constituye la empresa “S. A. Abastecimientos de Aguas”, impulsada por el Banco de Vigo, que se encarga de gestionar el servicio. La compañía será comprada por el Ayuntamiento en 1925, dando lugar al Servicio Municipalizado de Aguas. Los problemas persistían a pesar de todo, no sólo por la escasez en los meses de estiaje –julio a octubre- sino especialmente por la mala calidad del agua, que no era depurada en modo alguno. La ciudad crecía demasiado rápido, y las mejoras llegaban siempre con retraso. En 1928 se captaban los manantiales de Fabás y Sobreira, y tres años más tarde se hacía lo propio con el río Vilaza, afluente del Miñor.

La sequía que asola España entre los años 1943 y 1945 hacía saltar las alarmas municipales. Era necesario regularizar el río Vilaza mediante la construcción de una presa. El embalse de Zamáns, construido entre 1952 y 1960 y con un caudal de 100 litros por segundo, suponía apenas un parche para las cañerías viguesas.

Agua en régimen franco

Si había una institución que no podía permitirse una situación de escasez crónica de agua era la Zona Franca. Las grandes industrias que valoraban instalarse en Vigo, como ocurría en 1957 con Citroën-Hispania, demandaban un suministro amplio y constante, por lo que la solución de este problema fue una de las prioridades del Consorcio. El Ingeniero-Director del CZFV, José Eligio Prieto Moresi, presenta en 1953 al Ministerio de Obras Públicas el proyecto para la ejecución de un nuevo embalse en el río Oitavén, en el lugar de Eiras, que obtiene el visto bueno. Ayuntamiento y CZFV colaboran en la redacción final de la propuesta, entregada en 1958. Una presa con una capacidad de seis millones de metros cúbicos y presupuestada en más de cien millones de pesetas, cuyo autor calculaba que podría abastecer a una población de 263.000 habitantes. Hoy esa capacidad está a prueba, y esperamos que la pase con nota.

Vigo en 1927


En 1927 se editaba, en los talleres de P.P.K.O., de una de las fuentes históricas más genuinas de la ciudad. El anuario de efemérides “Vigo en 1927” transporta al lector a aquella vibrante y bulliciosa urbe, imbuida de profundos valores progresistas y que soñaba con convertirse en el mayor puerto del mundo.

No se equivocaba José Cao Moure -más conocido por el anagrama P.P.K.O.- cuando apuntaba en la dedicatoria de su “Vigo en 1927” que este anuario “será, al correr del tiempo, una preciadísima obra”. Y es que en este libro se reúnen no sólo reseñas de los acontecimientos más destacados ocurridos en aquel año en Vigo, sino también decenas de hermosas fotografías y texto escritos por algunos de los más importantes personajes de la ciudad, como pueden ser el político Manuel Portela Valladares, el obispo de Madrid-Alcalá Leopoldo Eijo Garay, el presidente de la Cámara de Comercio Tomás Mirambell, el periodista Manuel de Castro -Handicap- o el sindicalista Heraclio Botana, entre otros muchos.

Comenzaba el año con cambios en la vida política local. El joven Mauro Alonso Giménez-Cuenca tomaba posesión como alcalde el día 18 de enero, cargo que mantendría durante dos años. El destacado conservero lidera una etapa -hasta la irrupción de la crisis económica mundial- de gran crecimiento urbano. Como manifestaba el Ingeniero Director del Puerto, Eduardo Cabello, 1927 podía ser considerado el año del renacimiento portuario, algo que tenía pleno sentido: en ese momento se terminaban las obras de la dársena de viajeros. Asimismo estaban en plena ejecución el muelle del Arenal, destinado a grandes buques mercantes, el dique-muelle de Bouzas, cuyo objetivo era proporcionar atraque a la flota pesquera de la antigua villa. Por último se habían iniciado las obras del Muelle de Trasatlánticos, con doce metros de calado en la bajamar y permitiendo por tanto que atracaran en el los mayores barcos del mundo.

No en vano la clase empresarial viguesa había conseguido convertir el antaño puerto pesquero en una de las ciudades más pujantes del país. Símbolo de ello es la inauguración del fastuoso inmueble del Círculo Mercantil e Industrial, a la que acuden los reyes de España, el día 28 de septiembre. Dicha visita sería aprovechada para otros eventos de importancia, como la inauguración del monumento a García Barbón, obra de Francisco Asorey. Apenas unos meses antes, en abril, se daba por concluida la obra del Teatro García Barbón, diseñado por Antonio Palacios. En el monte del Castro, por su parte, se construían los primeros chalet de la Ciudad Jardín. Vigo había crecido, y sólo desde el aire se podía contemplar en toda su magnificencia. En septiembre Jaime Pacheco y su objetivo tomaban desde el avión “Marabú”, pilotado por el célebre José Mª Ansaldo, las primeras imágenes aéreas de Vigo. Dos meses antes tenía lugar, sin embargo, un accidente que marcó a todo el país. El primero de julio aterrizaba en Panxón y ante miles de almas el aviador Joaquín Loriga, héroe del raid Madrid-Manila, para ser homenajeado. A su regreso a Madrid desde Vigo el piloto se accidenta en Cuatro Vientos, falleciendo en la capital a mediados de mes.

Pero no todo era trabajo. Vigo no tenía fama de ser una ciudad cultural, algo que ciertamente no se correspondía con la realidad. Las numerosas asociaciones cívicas existentes se afanaban por organizar espectáculos y conferencias a las que acudía la flor y nata de la sociedad local. El 7 de mayo tenía lugar uno de los acontecimientos culturales más recordados de 1927. El homenaje a Ramón Cabanillas, “poeta de la Raza”, con motivo de su ingreso en la Real Academia Española, iniciativa impulsada por Alfredo Viondi, presidente del Casino de Vigo. Tras el verano comenzaba a funcionar el Instituto de Segunda Enseñanza Alfonso XIII, en el que se matricularon 186 alumnos. La Sociedad Filharmónica Viguesa, que con apenas once años de vida tenía más de mil miembros, recordaba que en sus audiciones habían tocado músicos como Manuel Quiroga o Pau Casals.

Incluso la suerte nos sonreía. El 22 de diciembre el consignatario Mariano Llorente ganaba el segundo premio de la Lotería de Navidad. El boleto número 50.153, que había adquirido en Vigo, le hizo ganar ni más ni menos que diez millones de pesetas que repartió entre sus clientes y familiares. Un año emocionante donde Vigo demostró estar más vivo que nunca.

El viento que impulsó el puerto de Vigo


En el año 1922 una galerna, con ráfagas de más de 100 kilómetros por hora, destruyó los muelles de madera y de hierro. Un hecho que sirvió de acicate para impulsar el Plan Cabello, cuyo desarrollo supuso la transformación del puerto de Vigo.

Hacia las cinco de la tarde de aquel 16 de enero de 1922 el viento cambiaba bruscamente de sudeste a nordeste, arreciando progresivamente y llegando media hora más tarde a una velocidad de más de cien kilómetros por hora. Durante dos horas el temporal golpeó la ciudad olívica. El viento, la lluvia y la marea alta sumaron sus fuerzas, elevándose grandes olas que rompieron las amarras de incontables embarcaciones atracadas en las dársenas, estrellándolas contra los muros. Algunas incluso fueron lanzadas a tierra por el oleaje. A muchos marinos la tempestad les sorprende en el mar, arrojándose al agua y siendo rescatados desde tierra. En la base de la armada en Ríos, por su parte, varios buques fueron arrastrados a la playa, quedando varados.

En la ciudad, a oscuras debido a un apagón eléctrico, llovían las tejas de las cubiertas, lo que hacía peligrosa la circulación por la calle. El tráfico de tranvías estaba suspendido. En estas circunstancias Amador Montenegro se movía, según él mismo cuenta en su «Historia íntima de Vigo», arrimado a las casas, tratando de llegar hasta las Avenidas. Allí estaban amarrados los trasatlánticos Andijk, de la Holland American Line y el noruego Karl Skogland, de la Skogland Line. La fuerza del temporal impulsó a ambos barcos, que garrearon contra los muelles de madera y de hierro, destruyéndolos casi simultáneamente en un dantesco espectáculo. Vigo, el puerto con mayores ingresos aduaneros del país, quedaba prácticamente sin líneas de atraque para su intenso tráfico de buques.

Hacia las siete y media de la tarde la tormenta amainaba, prolongándose en la noche los vientos racheados. El Ayuntamiento procedía a convocar una reunión de urgencia ante la magnitud de lo sucedido. A las cinco muertes que había provocado el temporal había que sumar los daños materiales, cifrados en doce millones de pesetas, una gran suma para la época. En el puerto de Vigo, sin embargo, la desgracia iba a ser convertida en una oportunidad.

El Plan Cabello

La actividad del Ingeniero Director de la Junta de Obras del Puerto, Eduardo Cabello, se multiplicaba. De inmediato se comienza la limpieza de la chatarra y restos de los muelles, mientras representantes del Ministerio de Obras Públicas se desplazaban a Vigo para informar acerca de los daños. En un mitin celebrado poco después de la catástrofe ciudadanos de Vigo reclamaron al gobierno central la presentación urgente de un proyecto de ley, otorgando al puerto un préstamo de un millón de pesetas para comenzar la reconstrucción. El apoyo de la administración permite la implementación del conocido como Plan Cabello, que había sido aprobado en 1913, con un coste estimado en cien millones de pesetas.

El ordenamiento incluye la ejecución del muelle de costa en O Berbés, la dársena de Guixar, el muelle de Comercio y el muelle de Trasatlánticos, con su imponente estación de pasajeros, además de diversos rellenos y el tendido de vías férreas. Un plan que consolidó el crecimiento del puerto de Vigo en años venideros, impulsado por el viento de aquella galerna de 1922.

El pazo donde se perdió Cuba


El 20 de febrero de 1909 el proyectista afincado en Vigo Jenaro de la Fuente Domínguez firmaba uno de sus mayores proyectos, la reforma del Pazo de Lourizán, propiedad del insigne político gallego Eugenio Montero Ríos y escenario de importantes acontecimientos de la historia de España.

Los primeros años del siglo XX resultan especialmente fecundos para el maestro de obras vallisoletano Jenaro de la Fuente Domínguez. Así en 1908 diseña las casas para Álvaro López Mora, en la calle Colón, mientras que al año siguiente realiza el proyecto del edificio Bonín, situado entre las calles Areal y Oporto, encargo del indiano Manuel Rodríguez. En 1911 con el edificio Pardo Labarta, ubicado en Porta do Sol, Jenaro de la Fuente alcanzaba una de las cotas más altas de su arte, como resaltan Arturo Conde y Gabriel Santos.

Es en este momento cuando Jenaro de la Fuente recibe el que probablemente es el encargo más singular de su carrera: reformar la residencia que el abogado y político Eugenio Montero Ríos posee en la parroquia pontevedresa de Lourizán. La finca, antiguamente conocida como Granxa da Serra, había sufrido varios cambios desde su adquisición por Montero Ríos en 1879. En sus estancias se negociaron las condiciones de la rendición española en la guerra hispano-estadounidense, ratificadas en el Tratado de París de 1898 y por el que España perdía Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam. No en vano Eugenio Montero Ríos había ocupado cargos como los de Ministro de Fomento, Ministro de Gracia y Justicia, Presidente del Tribunal Supremo e incluso Presidente del Consejo de Ministros, este último en el año 1905.

El reto de Jenaro de la Fuente consistía en integrar y armonizar elementos de diversas etapas constructivas creando una unidad, bastando un paseo por los alrededores del pazo para constatar que consiguió su objetivo. El plano de fachada del proyecto, fechado 20 de febrero de 1909, nos muestra un inmueble ecléctico con influencias del modernismo, del clasicismo y de la arquitectura francesa del Segundo Imperio; simétrico, con clara tendencia horizontal y gran monumentalidad. Quizá el más impresionante pazo gallego, como afirma el investigador Jaime Garrido Rodríguez. Las obras comenzaron en septiembre de 1909, con un presupuesto de veinte mil duros. El pazo consiste en un cuerpo central con forma de U con tres torres cubiertas con mansardas, ante el cual se sitúa una gran escalera imperial de dos brazos que lleva hasta la entrada principal. Desde este punto se abren dos alas laterales, ligeras galerías de piedra y vidrio que envuelven los paños del antiguo pazo como si de un vestido se tratase. En el aspecto decorativo, por su parte, destaca la fusión de elementos neoclásicos y modernistas.

Un jardín abierto al mar


Los Jardines de las Avenidas, actuación imbricada en el plan Abrir Vigo al Mar, cuyo esmerado diseño mereció el Premio Nacional de Arquitectura para su autor Guillermo Vázquez Consuegra, se han convertido en uno de los espacios más queridos por la ciudadanía.

En el año 1998 finalizaban las obras de los conocidos como Jardines de las Avenidas o Jardines de Elduayen, uno de los espacios de recreo preferidos por los vigueses. Proyectados entre 1995 y 1996 por el arquitecto sevillano Guillermo Vázquez Consuegra, las obras comenzaron en 1997. El paseo marítimo y los jardines, que discurren entre las plazas da Estrela y Berbés, constituyeron la primera fase del conocido plan Abrir Vigo al Mar, impulsado por el Consorcio de la Zona Franca de Vigo, la Autoridad Portuaria y el Ayuntamiento. El principal cambio fue la peatonalización de la práctica totalidad del lugar, unos 30.000 metros cuadrados, permitiendo recuperar el espacio para la ciudadanía.

El proyecto de Consuegra contempla la creación de dos paseos peatonales –uno la propia calle Montero Ríos, el otro el malecón- que envuelven los jardines, situados en un plano superior y acotados por hileras de tilos holandeses. La alfombra verde tiene 300 metros de longitud por 50 de ancho, disponiéndose cinco ámbitos de estancia conectados entre sí por estrechos caminos. En el extremo este, además, surgen volúmenes de diversa entidad que alojan accesos subterráneos, chimeneas de ventilación, tomas de aire, etcétera, dado que en el subsuelo existe un complejo edificio de instalaciones destinado al mantenimiento y control del túnel de Beiramar.

Uno de los elementos más llamativos y desconocidos de entre los que podemos encontrar en los Jardines de las Avenidas son los vanos de sillería que, alineados y situados junto a un banco corrido y bajo una pérgola, conforman un atractivo pabellón. A ello se une el conjunto de bancos de granito tallado que delinean una de las ágoras del jardín. Poca gente sabe que suponen el elemento más genuino y original del espacio.

A finales del siglo XIX la Junta de Obras del Puerto de Vigo edificaba sus dependencias administrativas en las Avenidas. Era un pequeño edificio de dos alturas y disposición horizontal de estilo ecléctico, con la decoración de sus huecos diferenciada en cada piso. Lo rodeaba un espacio ajardinado de distribución geométrica. El inmueble terminó por quedarse pequeño, construyendo la Autoridad Portuaria su nueva sede en la plaza da Estrela, y siendo derribado el antiguo edificio de las Avenidas en julio de 1967.

La huella de Sales

Desaparecida la antigua sede de la Junta de Obras del Puerto, la remodelación completa de las Avenidas se hacía necesaria. El conocido paisajista Francisco de Sales es el encargado de diseñar un proyecto cuyos trabajos se inician en el año 1970. El resultado fue una de las mejores muestras de jardín inglés en la ciudad de Vigo. Sales conserva parte del arbolado de los jardines anteriores, eliminando el carácter geométrico y modificando la topografía plana. También recicla parte de la piedra del inmueble derribado, que emplea para crear bancos y ruinas decorativas. Estos elementos -concretamente dos vanos de la planta baja y dos de la primera, y algunos sillares tallados- son los que podemos todavía observar, ocultos en el interior de jardín, y a escasos metros de donde, hace más de un siglo, fueron colocados por vez primera.

El corazón industrial de Vigo


En abril de 1958 se colocaba la primera piedra de la nueva nave de Citroën-Hispania en el polígono de Balaídos, un hito que marca la puesta en marcha del primer polígono industrial de la Zona Franca de Vigo, proyectado por el ingeniero Eligio Prieto Moresi.

El día 10 de abril de 1958 coincidía la colocación de la primera piedra de la nave de Citroën-Hispania en Balaídos con el ensamblaje del primer vehículo producido por la marca francesa en España. Era el comienzo de una relación que se prolonga hasta el día de hoy y que ha transformado la realidad económica y social de Vigo. La historia del polígono de Balaídos se remonta unos años atrás, concretamente al 4 julio de 1955. Ese día el Consorcio de la Zona Franca de Vigo presentaba su ambicioso proyecto de delimitación de terrenos, que contemplaba la creación de aproximadamente seis millones de metros cuadrados de suelo industrial dentro del municipio. Dentro de este plan el parque de Balaídos, conocido como Subzona I-A, era considerado de desarrollo prioritario.

En junio del año siguiente el Consejo de Ministros aprobaba el proyecto del CZFV y apenas unos meses más tarde, en septiembre de 1956, el Consorcio y Citroën comenzaban las negociaciones para la instalación de la compañía en el recinto franco vigués. El ingeniero vigués Eligio Prieto Moresi, a la sazón encargado de la Dirección de Obras del CZFV, fue el responsable de los proyectos que posibilitaron la recalada de la compañía automovilística. El diseño del polígono industrial de Balaídos comprende una extensión de 740.000 metros cuadrados, valorándose las favorables condiciones topográficas o la relativa cercanía y buena comunicación con el puerto de Vigo. Se planeaba, además, el tendido de una línea ferroviaria que enlazara el parque para facilitar el tránsito de mercancías, proyecto que finalmente nunca se lleva a cabo.

Desde que Citroën-Hispania formaliza su solicitud de instalación en la Zona Franca de Vigo, en marzo de 1957, en las oficinas del CZFV se trabaja a contrarreloj en la delimitación y expropiación de los terrenos, cuya ocupación es declarada de urgencia por el gobierno. No en vano la empresa automovilística era la primera firma que se iba a instalar en la Zona Franca de Vigo. La explanación de los terrenos del polígono de Balaídos se inicia en octubre de 1957. Aproximadamente 72.000 metros cúbicos de tierra son excavados en seis meses de fuertes lluvias, complicación a la que se añade el continuo afloramiento de aguas subterráneas.

Mientras tanto el CZFV se ocupa de adecuar una nave cedida por la Junta de Obras del Puerto para iniciar en ella y de modo provisional la fabricación de vehículos Citroën, concretamente furgonetas Azu, derivadas del 2CV. Durante año y medio un pequeño grupo de hombres trabajará en esta nave ya desaparecida, situada en Las Avenidas, preparándose para el proceso a gran escala.

Pronto el nuevo polígono de Balaídos trabaja a pleno rendimiento. A principios de 1962 se encuentran en servicio las naves A y B de Citroën-Hispania, estando la C en construcción y la D en proyecto. Para entonces la planta había producido más de 10.000 furgonetas Azu y 1.400 berlinas. Un polígono que a día de hoy se reivindica como el corazón industrial de la ciudad de Vigo.

América en el callejero


Algunas de las calles del plano de Vigo llevan los nombres de indianos que contribuyeron de diversas formas al desarrollo de la incipiente urbe industrial, en los siglos XIX y XX. De García Barbón a Martín Echegaray, nuestro callejero cuenta con ilustres empresarios, filántropos, políticos e incluso inventores.

Los indianos o americanos, emigrantes que retornaban a su tierra enriquecidos en Ultramar, conformaron todo un fenómeno social, económico, político y cultural en Galicia, especialmente en el periodo entre 1870 y 1930. Vigo no fue una excepción, sino todo lo contrario, convirtiéndose el puerto en una importante vía de entrada y salida de migrantes.

Uno de ellos fue José García Barbón. Siguiendo a Daniel Antomil en su recopilación “De los nombres de las calles de Vigo” se bautiza una avenida en su honor en 1909, la anteriormente conocida como Duque de la Victoria. El filántropo, natural de Verín, se enriquece en Cuba, fundando su propio banco. A finales del siglo XIX se establece en Vigo, donde gracias a su fortuna se edifican la Escuela de Artes y Oficios y el Teatro que lleva su nombre. Curiosamente la Avenida García Barbón continúa a la dedicada a un amigo suyo, José Policarpo Sanz Souto, quien llegó a dirigir un importante grupo industrial en los Estados Unidos. A su fallecimiento en 1889 el filántropo cede a la ciudad de Vigo, donde había pasado su infancia, su fortuna y una importante colección de arte. También deja el mandamiento para construir el Instituto Santa Irene, dedicado a la memoria de su mujer Irene Ceballos. Llamativo es el caso de la estrecha vía que se le dedica a Manuel Núñez Espinosa, ubicada en pleno centro de la ciudad. Este emigrante, enriquecido gracias a la banca y a la construcción, realiza importantes donaciones al ayuntamiento en el siglo XIX. Uno de sus herederos venderá al consistorio una gran finca, donde hoy se encuentra la calle, a cambio de que sus padres Manuel Núñez y María Berdiales recibieran un homenaje en el plano.

Menos conocido es Isidoro Romero Caballero, quien tiene calle en Bouzas, de donde era natural. Este indiano invirtió parte de su dinero en la ampliación del hospital municipal y en arreglos para la iglesia parroquial de la villa. De Bouzas era también natural Tomás Paredes, que emigra a América a principios del siglo XX. De entre las donaciones que lleva a cabo en la antigua villa destaca la de los terrenos del antiguo cementerio. Muy cerca de esta calle se encuentra la larga vía dedicada a Tomás Antonio Alonso Martínez. Nacido en Coia en 1835, emigra a Uruguay, donde hace fortuna. En Vigo financia la construcción de tres escuelas que dona a la ciudad.

El peso de los legados indianos en el ámbito escolar es importante, sirviendo de desquite simbólico por parte del filántropo, quien conoce la importancia de la educación en el progreso socioeconómico de Galicia. Así en 1944 se bautizaba la Avenida Ramón Nieto. Este vecino de Lavadores, nacido en 1856, emigra a Chile, donde consigue ahorrar cierto capital. Centra su labor social en la creación de las Escuelas Nieto, a cuya Fundación lega su patrimonio. Por su parte Leonardo Alonso Alonso, vecino de Matamá emigrado en Uruguay, compra los terrenos para la construcción de la escuela Josefa Alonso. Situada en Matamá, la calle recibe el nombre en 1991.

Es destacable además la faceta industrial de los retornados, vinculados a la promoción de compañías de vanguardia que han quedado ligadas a la historia industrial de Vigo. En Teis encontramos la calle Sanjurjo Badía, que homenajea al célebre inventor de Sada. Emigrado en Cuba, a su regreso se establece en Vigo, donde instala la fundición La Industriosa y unos astilleros. La vía recibe su nombre en el año 1921. No menos destacada es la contribución de Martín Echegaray Olañeta, quien busca fortuna en Argentina. En Vigo es presidente de la Compañía de Tranvías en el año 1914, siendo su principal impulsor. Mayor huella dejó Manuel Álvarez Pérez, fundador del Grupo de Empresas Álvarez. Este ourensano parte hacia Cuba a finales del siglo XIX, estableciéndose en Santa Clara. A su vuelta a España crea la sociedad Manuel Álvarez e Hijos, dedicada a la decoración y producción de loza, vidrio y porcelana. La calle, situada en Cabral, fue bautizada en 1984. También a Cuba había emigrado Julián Estévez, cuya calle se encuentra en Teis. Estévez fue alcalde de Lavadores entre los años 1914 y 1915. Recibió el nombre en 1926.

No son los anteriores los únicos ejemplos de indianos que han sido homenajeados de esta manera por el consistorio vigués. Un modesto pago para devolver lo que nos fue entregado en su día.

Dos siglos de música popular viguesa


En el mes de agosto bandas de música y charangas toman las calles y plazas de Galicia. Hacemos un repaso a los orígenes de varias de las formaciones más antiguas de la ciudad de Vigo, alguna de las cuales sigue afinada hoy en día.

Coinciden los estudiosos en lo complicado que supone investigar la evolución de la música popular, especialmente si tratamos de remontarnos más allá del siglo XIX. No pensamos sólo en conocer qué se tocaba, sino también el cómo, el dónde, y especialmente el quién. Y sucede una vez más que Vigo, la ciudad sin historia, nos sorprende con lo detallado de su relato.

Así Amador Montenegro recoge la que podría ser la primera mención a un intento de institucionalización musical: el 1 de abril de 1845 el alcalde Manuel Coto Montes aprobaba el reglamento de la Sociedad Filarmónica de Vigo. En aquel documento suscribían personalidades de la época como José Rodríguez -Barón de Casa Goda-, José Donesteve, Agustín Curbera, Nicolás Taboada y otros. El experimento, por otra parte, no parece que tuviera gran continuidad temporal. Los gastos de manutención y gira de una banda o de una orquesta suponían una grave carga para los consistorios decimonónicos, cronificados en el déficit, por lo que la creación y desaparición de agrupaciones municipales se sucede en toda Galicia a lo largo de estos años.

De este modo y hasta finales de la centuria el espacio musical lo dominan formaciones pequeñas, lideradas por músicos de renombre, que coexistieron, desaparecieron y se reorganizaron a lo largo de los años. Destacan en Vigo las dirigidas por el Sr. Montenegro, el Sr. Castro, Enrique Paz o Eugenio Pereira, cuyo grupo es contratado por el ayuntamiento para amenizar los paseos públicos en el verano de 1877. De gran interés es la experiencia de la Sociedad de Conciertos. Creada bajo la dirección y auspicio del célebre violinista Andrés Gaos Berea en la primavera de 1891, contaba con 40 músicos, con un amplio repertorio de obras de cámara y conciertos para solista u orquesta. Su estreno, llevado a cabo el 5 de abril de aquel año, no tuvo excesivo éxito. Pocos meses después Andrés Gaos se marchaba a París para comenzar una gira, tras lo cual la orquesta se disuelve.

Poco a poco surgen agrupaciones de mayor relevancia, sujetas a instituciones capaces de sostener su acción en el tiempo. En 1863 tenemos constancia de la presencia de la Banda del Hospicio –vinculada a la Casa de Caridad- en las fiestas que aquel año se celebraron con motivo de la inauguración de las obras del ferrocarril. Fue una de las favoritas de la sociedad viguesa de su tiempo, siendo muy contratada tanto en eventos públicos como privados. La banda vive su etapa de esplendor bajo la dirección del ourensano Timoteo López Cartavio, entre 1880 y 1881, si bien tras la marcha de éste decae rápidamente hasta su desaparición en 1883.

La banda municipal

Cuenta Asterio Leiva que el 5 de abril de 1883 se reúnen en el consistorio, bajo la presidencia del alcalde Jacobo Domínguez Iglesias, un grupo de músicos que suponen el germen de la Banda Municipal de Vigo. Así el regidor aseguraba que habiendo desaparecido la Banda del Hospicio “quedaba huérfana la población de uno de los elementos más importantes”. Acogida la idea con entusiasmo, se nombra como primer director a Enrique Paz Sampayo. La banda vivirá etapas buenas y malas en su historia. A partir de 1888 y bajo la dirección de Marcial Rodríguez, queda apenas relegada a los conciertos que ofrece en la Alameda. Mientras tanto el Orfeón La Oliva –dirigido por el propio Marcial Rodríguez- alcanza importantes triunfos en unos años de gran efervescencia cultural en Vigo.

Tras esta crisis la banda se renueva con la contratación de un nuevo director, Juan Serrano Marqués, que permanece cinco años en el cargo. Finalmente en 1897 se nombra como director a Juan Colás. Es un periodo de gran trascendencia para la banda que amplía su oferta, tocando en los domingos del verano en la Alameda y el resto del año en Príncipe y la Plaza de la Constitución. El entusiasmo del público es notorio. Así el 5 de enero de 1898 el consistorio aprueba un nuevo reglamento para la formación, que es definitivamente colocada bajo el patrocinio del Ayuntamiento. Habían sido necesarias más de cinco décadas, pero Vigo tenía su Banda Municipal.